El Fantasma de Belgrado

Posted on septiembre 29, 2009
Filed Under Coches de película, Conducción deportiva | 2 Comments

El Fantasta de Belgrado, un personaje que supuestamente apareció alrededor de los años 70 y que durante 15 noches desafió a la policía y al régimen comunista a bordo de un inalcanzable Porsche 911 blanco

Aunque la película El Fantasma de Belgrado asegure estar basada en un hecho real lo cierto es que poca o ninguna información se tiene de que dicho conductor temerario existiera jamás.

La historia cuenta que un conductor anónimo a bordo de un Porsche 911 S Targa de color blanco (otros “testigos presenciales” aseguran disponía de más modelos de la casa alemana) aparecía por las noches desafiando a la policía en breves y espectaculares persecuciones callejeras. Casi siempre avisaba de la hora y el sitio donde iba a aparecer, con lo que el personaje empezó a ser conocido y exaltado como un símbolo de lucha y rebeldía contra el gobierno instaurado en la Yugoslavia comunista.

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La historia/leyenda desvaría en diferentes versiones: desde su odio al régimen y la policía hasta que lo hacía por el amor de una chica.

De cualquier manera es una película que tengo que ver. A continuación inserto la síntesis de la historia, directamente extraída del blog de Antropófago

” Yo soy El Fantasma. Un hombre sin identidad ni rostro; un hombre inalcanzable. Un espectro nocturno y centelleante. O al menos eso es lo que fui. Hoy no quedan en mí ya vestigios de mi antigua grandeza, pero no hace mucho –cómo me cuesta creer que hayan pasado casi tres décadas– logré convertirme de la noche a la mañana en un símbolo nacional, un héroe aclamado por el pueblo, una fuerza que consiguió poner en jaque durante quince días al régimen de un país sumido en el control y el aburrimiento más gris con el que el comunismo de finales de los años setenta podía aplastar a su sociedad. Cuando empecé con mis demostraciones (o lo que las autoridades consideraron actos vandálicos) los periódicos de toda Yugoslavia imprimieron en sus portadas historias sobre mí, añadiendo con la progresión de los días más absurdas especulaciones que hechos concretos sobre los detalles vinculados a mi ignota figura y mi conducta temeraria. Fueron ellos los que me bautizaron como El Fantasma de Belgrado. Pero fue la gente de la calle, mis propios compatriotas, en especial los jóvenes de mi generación, quienes me confirieron el estatus de revolucionario y me erigieron como fuente de inspiración para creer en un futuro más prometedor al alcance de sus manos.

Mirando atrás me parece como si fuese ayer que, a velocidades radicales, zigzagueaba por las calles de Belgrado esquivando autos y desairando semáforos rojos en aquel magnífico Porsche blanco que, según la mayoría de las hipótesis de la prensa, le robé a Goran Bregovic. Para mí todo empezó como un juego, pero pronto me di cuenta de que el sentido lúdico de mi travesura nacida del tedio había alcanzado connotaciones sociales y políticas tan colosales que me fueron imposibles de soslayar. Es verdad que robé ese fulminante convertible, pero no estropearé aquí el misterio revelando el nombre del dueño que fuera víctima de mi hurto. Lo cierto es que los pocos y desprevenidos espectadores que presenciaron las cuatro vueltas que –en mi primera fuga y a toda marcha– di alrededor de la plaza Slavia en pleno centro de la capital, con el paso de las noches se fueron incrementando en proporciones geométricas hasta alcanzar varios miles de entusiastas. Estos se arremolinaban en las inmediaciones de la ronda esperando hasta altas horas de la madrugada mi imprevisible y rauda aparición, la cual era vitoreada a rabiar durante los escasos segundos que me tardaba en repetir la circunvolución dos o tres veces. Luego, y sin más, yo desaparecía en la oscuridad, sin dejar mayor rastro que el de las huellas negras de los neumáticos dilatadas sobre el asfalto que rodea la plaza, y –ya lejos tras de mí– el ruido monocorde de decenas de sirenas policiales agotadas tras una persecución infructuosa.

El recuerdo de aquellos días aún permanece fresco en mi memoria. Ahora mismo me puedo ver sentado al volante de ese endemoniado bólido blanco que insufló tanto júbilo y esperanza en los corazones de mis paisanos. Siento en mis manos la textura tersa del cuero del timón y me corre por la piel un escalofrío casi orgásmico oyendo el rugido perfecto que emana del motor mientras lo acelero en neutro preparándome para partir.

Hoy es la decimoquinta noche. Vanos han sido los intentos desesperados de las fuerzas del orden por capturarme, pero anteayer estuvieron a punto de conseguirlo colocando sólidas barricadas en cinco de las seis vías de acceso a la plaza. Se me ha trepado al cuerpo el presentimiento de que debería renunciar a esta descarada provocación contra el gobierno. Me estoy burlando de ellos en sus caras; les corroe una furia justificada. Lo que empecé como un juego se me está escapado de las manos. Pero el pueblo me espera, me necesita.

Esta será la última aparición de El Fantasma. Lo he decidido ahora mismo, en este preciso instante, acelerando por el bulevar a doscientos kilómetros por hora, encontrándome tan sólo a diez calles de alcanzar Slavia. Lo que aún no he descubierto es que no será bajo mis propios términos.”

Comments

2 Responses to “El Fantasma de Belgrado”

  1. hi on octubre 7th, 2009 5:53 pm

    con un porsche se desafía muy bien a la policía, que lo haga con un volga, o con un lada riva com el vaquilla

  2. La Policía necesita más caballería : Blog de Motor on noviembre 23rd, 2009 8:26 pm

    [...] El reciente caso del Audi RS6 cargado de hachis a toda velocidad por la A-49 pone de manifiesto la necesidad de los Cuerpos del Estado de contar con bólidos entre sus filas [...]

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